El hombre Leo

Aunque nos enojemos cuando seca nuestro cerebro con su radiación solar, nos hará sentir bien al rodearnos con sus brazos fuertes, y empezaremos a creer en los beneficios que trae la sumisión.
Veamos cómo lo podemos conquistar: cuando Leo ronronea, es que tiene el estómago lleno. Recién entonces se da cuenta de que tiene un corazón. Por eso, sólo te obsequiará una mirada lánguida cuando haya tomado una suculenta cena, con un buen vino tinto. Es el momento de atacar. Allí es cuando se mostrará magnánimo. Te invitará a comer el postre con él, te dirá uno o dos piropos creyendo que fue el primero en conquistarte (y tú deberás hacerle creer que es así).
El varón de Leo es un ser emocional, pero es hombre. Por lo tanto, tratará de esconder sus lágrimas, así que es aconsejable no ir por la vía de la compasión. Nunca demostrará ser débil. Será quien te cobije y quien determine cuándo debes tener frío para acercarte un abrigo. Sabrá qué regalarte para tu aniversario: aunque estés colmada de electrodomésticos, él te regalará otro, sólo para que cuentes con el mejor equipamiento para atenderlo a él. El león quiere controlar todo, desde sus empleados en la oficina hasta el mostrador de su pizzería por encargo. Al típico leonino le encanta ir al supermercado y ordenar los estantes de la alacena a su modo. Aunque no sabe qué hacer con el contenido de las latas que guarda, su esposa no puede cambiarle el orden, pues si lo hace, debe atenerse al sermón… Nunca averiguaremos por qué Dios les dio a algunos más verbo que a otros. Pero, si tú quisieras encaminarte por la senda de las peroratas sabihondas de Leo, se te podría secar la lengua, cosa que a un leonino, curiosamente, nunca le ocurrirá.
No obstante, el hombre de Leo es un ser adorable. Es alegre y digno del mejor abrazo. Aunque te levante la voz de vez en cuando, o eleve el dedo índice para que ni se te ocurra decirle lo que debe hacer, nunca lo hará para atemorizarte.
Si todavía lo dudas, prueba sus méritos en la intimidad y terminarás por respetarlo, pues nadie sabe amar a una mujer como él.
No olvides que pertenece a un signo de fuego, que domina las emociones. El amor de un leonino siempre está “a punto caramelo”.
El hombre de Leo será el que se presente con un buen apretón de manos. Es muy probable que un jefe leonino tenga a su lado a alguien que tome nota de sus consejos, testimonio de las huellas que siempre pretende dejar en todo. Además, así tendrá cómo corroborar lo que dijo. Sea como sea, para Leo todo debe funcionar. Para eso, apela a su gran sentido organizativo. Si es posible, utiliza los medios de última generación para lograrlo. No importa lo que cueste, si es caro mejor, ya que tendrá la sensación de estar haciendo las cosas bien. ¡Cómo debe haber sufrido el leonino ex presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Bill Clinton, con la pérdida de prestigio que le significó liarse nada menos que con otra leonina en el escandaloso “sexgate”! Los leoninos, por lo general, están muy ligados a lo sexual. Precisamente, la Casa V que rige el sexo, está dominada por Leo. Contrariamente al escándalo de Clinton, el sexo puede enaltecer a un leonino. Tal es el caso del prestigioso investigador del Instituto Pasteur, el francés Lúe Montaigner, quien descubrió el virus del sida. Otro ejemplo es el del futbolista paraguayo, José Luis Chilavert. Llama más la atención con declaraciones polémicas sobre sí mismo, que por haber hecho varios goles espectaculares. Los Leo, precisamente, se caracterizan por su osadía. El actor español Antonio Banderas es un buen ejemplo de ello. El hombre de Leo es tan impulsivo y testarudo que, a veces, se cree infalible, pero es magnánimo hasta con sus enemigos, a los que trata con consideración, aunque no se lo merezcan.

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